Por qué algunas tragedias conmueven a todo un país mientras otras terminan convirtiéndose en parte del paisaje
La solidaridad con las víctimas del terremoto del 10 de agosto es legítima y necesaria. Pero esa capacidad colectiva de conmovernos abre una pregunta incómoda: ¿dónde está esa misma sensibilidad frente a las tragedias humanas que ocurren silenciosamente todos los días?
LA MISMA VIDA, DISTINTA VISIBILIDAD
En Colombia continúan muriendo niños y adultos en medio de condiciones profundamente vulnerables: desnutrición, enfermedades prevenibles, dificultades de acceso a agua segura, saneamiento, alimentación y atención oportuna. Son realidades presentes en La Guajira, Chocó, el Pacífico, la Costa Caribe, la Amazonía y la Orinoquía, pero también en sectores vulnerables de nuestras principales ciudades. Son tragedias distintas a un terremoto, pero detrás de cada una existe exactamente lo mismo: una vida humana y una familia que pierde a alguien.
LA TRAGEDIA SÚBITA Y LA TRAGEDIA PERMANENTE
Un terremoto ocurre en segundos. Tiene fecha, imágenes, escombros, rescates y víctimas concentradas. La tragedia cotidiana funciona de otra manera. Un niño que se deteriora durante meses por desnutrición no genera una transmisión en directo. Una comunidad que durante años enfrenta carencias básicas difícilmente se convierte en tendencia. Una muerte prevenible aparece después dentro de una estadística. La tragedia súbita conmociona; la tragedia permanente corre el riesgo de normalizarse.
SENTIR, MOSTRAR Y EJERCER SOLIDARIDAD
Las manifestaciones de solidaridad que hoy vemos expresan una reacción humana natural frente a una tragedia que se presenta ante nuestros ojos con enorme fuerza. Las redes sociales amplifican esa reacción y permiten que millones de personas compartan casi simultáneamente su dolor, acompañamiento y preocupación. El contraste aparece cuando esa sensibilidad, tan intensa frente a lo extraordinario, no siempre permanece frente al sufrimiento cotidiano que carece de imágenes, titulares o momentos de alta atención pública. Por eso vale la pena distinguir entre sentir solidaridad, mostrar solidaridad y, sobre todo, ejercerla de manera constante.
UNA PREGUNTA PARA TODOS
No necesitamos sentir menos dolor por las víctimas del terremoto. Necesitamos ampliar nuestra capacidad de sentirlo. Detrás de cada caso de mortalidad infantil, desnutrición, enfermedad prevenible, pobreza extrema o exclusión también existen padres, hijos, hermanos y familias. La diferencia es que muchas veces no vemos sus fotografías. Entonces, la pregunta para todos es: ¿por qué nuestra solidaridad alcanza su máxima expresión ante las tragedias que todos podemos ver, pero tantas veces permanece silenciosa frente a aquellas que ocurren todos los días sin cámaras, sin titulares y sin convertirse en tendencia?
“Una sociedad no demuestra su humanidad solamente por cuánto se conmueve ante una tragedia extraordinaria, sino por cuánto se indigna ante las tragedias humanas que ha terminado considerando normales.”
Edgar Julio Erazo Córdoba
Empresario Especializado en Minería de Oro Subterráneo | CEO y propietario Grupo Damasa